NI UN TÍTERE CON CABEZA.

(Una mirada escéptica de un publicitario a todo lo que intentan vendernos).

El mecanismo esencial para incitarnos a la compra y el tamaño del pene del orangután.

Empecemos con una pregunta fácil. ¿A qué hombre del público le gustaría tener un pene del tamaño del que posee el orangután, que alcanza en erección los 4 centímetros? Sí, sí, 4 centímetros en su máximo esplendor. ¿Cómo? ¿No hay muchos interesados? Bueno, preguntemos entonces a otros miembros (perdón) del público. Preguntemos a sus compañeras. ¿A alguna mujer le gustaría que su pareja sexual contara con un pene de 4 centímetros? Caramba, tampoco veo levantarse (perdón) muchos brazos. Parece comprensible, teniendo en cuenta que el tamaño medio del pene humano en erección es de 15 centímetros. Y claro, 15 es mucho mejor que 4, ¿verdad?

Pero, ¿y si explicamos que con esos 4 centímetros el orangután es capaz de tener actos sexuales de hasta 15 minutos, en vez de los 4 de media de los humanos? ¿Y si añadimos que con esos 4 centímetros el orangután es capaz de dejar en ridículo al hombre en cuanto a variedad de posturas sexuales, practicándolas además no en la comodidad de una cama sino subido a los árboles? Pese a ello, seguro que la inmensa mayoría de hombres del público (y probablemente de mujeres) no desearían jamás tener que pasar su vida en compañía de un pene de ese tamaño.

Lo cual nos lleva a una pregunta menos fácil que la inicial del post.

¿Cuál es el tamaño adecuado de lo que necesitamos? O dicho de otro modo, ¿cuánto necesitamos realmente de algo?

A poco que reparemos en ello, estamos rodeados de la venta del concepto Más. Mucho de lo que se nos vende se nos vende a través de la supuesta bondad de tener Más.

Coches con más prestaciones y motores más potentes (salvo que uno sea ladrón de bancos, ¿realmente a alguien le resulta útil poner el coche de 0 a 100 lo más rápido posible?).

Plataformas de televisión que incluyen más canales disponibles en su oferta (¿puede ocurrirse experiencia más satisfactoria que hacer zapping por 200 canales para llegar al final y ya no recordar en cuáles había algo que podía ser interesante?).

Cadenas de música con más potencia (¿para qué? ¿Hay algún ser humano que quiera exponer sus tímpanos al mayor número posible de decibelios?).

Aires acondicionados más silenciosos (¿hay algún ser humano capaz de notar la diferencia entre 43 decibelios y 42?).

Yogures con más vitaminas (¿alguien recuerda cuando el yogur era simplemente un producto apetecible, y no una bomba de bifidus, trifidus y otros entes paranormales?).

Webs de streaming con más número de archivos musicales (¿hay alguna diferencia relevante en nuestras vidas entre que podamos acceder a un lugar que tiene 2 millones de canciones frente a otro que tiene 3 millones?)

Ordenadores con más funciones (¿no tenemos todos la sensación de que el ordenador es capaz de hacer muchas más cosas de las que usamos y que si en realidad no las usamos es porque en el fondo no las necesitamos?).

Tiendas con más aplicaciones para el sistema operativo del smartphone (¿hay realmente diferencia entre acceder a una tienda con 100.000 aplicaciones o una que tiene 500.000? ¿Cuántas tenemos al final realmente en nuestro smartphone?).

La lista podría continuar casi ad infinitum.

Se argumentará que esto es una consecuencia lógica del progreso. Un efecto de los avances y desarrollos constantes que buscan los fabricantes para sus productos. Un fruto natural de la innovación e investigación, que genera mayores capacidades y mayores prestaciones.

Y eso es así en algunos casos.

Pero en la mayoría no lo es.

En la mayoría de los casos, las diferencias son irrelevantes. En la mayoría de los casos los fabricantes entran en una perpetua carrera para conseguir un Más que en realidad no es significativo. Y lo más importante, con esa perpetua carrera se crea la ilusión de mejora como una manera de incentivar la compra.

Porque, y aquí está la clave, así es como funciona la sociedad de consumo.

Antes, cuando lo normal era que los productos se estropearan o deterioraran, la gente compraba productos nuevos porque objetivamente había que renovarlos.

Ahora, cuando los productos son casi eternos (la ropa no se desgarra, los sofás no se hunden, los coches no se quedan tirados en la cuneta sin volver a arrancar) el consumo se alimenta sobre la idea de la renovación. Por eso existe la moda o por eso existen las constantes novedades en todas las categorías de productos.

La moda nos hace comprar prendas nuevas porque las anteriores, que están en perfecto estado, “ya no se llevan”. (Es la manera que ha encontrado la industria de que renovemos nuestro armario, lleno de prendas tan bien fabricadas que son prácticamente eternas). Las constantes novedades en productos crean la ilusión de que no se puede vivir con productos peores que los nuevos y mejorados que han aparecido y que son ésos los que hay que tener. (Es la manera que ha encontrado la industria de que alimentemos la rueda del consumo).

Por eso cada vez todo dura menos y todo se consume más rápido. Libros, ropa, discos, productos de tecnología…

Todo se consume y dura poco tiempo porque es inmolado en la hoguera a la que surge un producto que es Más Que el Anterior. Compramos y compramos atraídos por la ilusión del Más. Un Más que en muchas ocasiones en realidad no es tal.

Y juro que a veces me parece oír cómo se ríe de nosotros la hembra del orangután.

Anuncios

Navegación en la entrada única

9 pensamientos en “El mecanismo esencial para incitarnos a la compra y el tamaño del pene del orangután.

  1. Hace unos años trabajé en una agencia llamada Lorente (te suena, no?) en la que la palabra MÁS, era casi obligatoria en los slogans de nuestros clientes. LETRAS DEL TESORO “para los que quieren más”, FAGOR “te da más”, LA VANGUARDIA: “el periódico más leido de Cataluña”, MANTEQUILLA CENTRAL LECHERA ASTURIANA: “más fácil de untar”, LECHE CENTRAL ASTURIANA: “la más consumida en nuestro país”…y así un largo etcétera. Si no ponías un MÁS en tu slogan o en tu titular de campaña lo tenías chungo. Parece que Joaquín era un buen vendedor de mases…

    • Sí, sí, está claro que en su agencia prodigaba el uso del más.
      Sin embargo, curiosamente, cuando escribió su libro huyó de maximalismos en el título.
      Y lo llamó “Casi todo lo que sé de publicidad” (en vez de algo tipo “Sepa de publicidad tanto como el que más”).
      Buen título, por otra parte.
      Aunque para mí el mejor título de libro publicitario sigue siendo el que escribió hace muchos años Jacques Séguéla (la S de RSCG).
      “No le digas a mi madre que trabajo en publicidad. Ella se piensa que soy pianista en un burdel”.

  2. magi en dijo:

    – Hombre veo que tengo cosas en común con el orangután… en lo del tamaño .
    Realmente pienso que como especie animal reinante en este mundo y como tenemos únicamente como depredador a nuestros congéneres. Es nuestra misión en la vida no dejarnos embaucar por otros orangutanes. En el caso que nos concierne, hace tiempo que a mi no me venden ni un lápiz, porque se los cojo
    a mi hija. Eso si, como padres tenemos la obligación de que está pandemia de
    estupidez no afecte a nuestros hijos. Tarea por otra parte, bastante difícil.

    Gracias de nuevo por tan divertido artículo.

    • Gracias por tu confesión pública, Magí.
      Si miras por la noche la teletienda, seguro que encontrarás solución a la medida (qué adecuada expresión).
      Y sí, a ver cómo conseguimos que nuestros hijos no sufran la pandemia.
      Yo, por lo pronto, intento ilustrarles en lo que sé de esto.
      Para que al menos vean los trucos cuando se los están haciendo.

  3. isabel en dijo:

    No hay nada que hacer, desde los 2 años todos queremos ser mas que el compañero de parvulario: “no yo mas, no yo soy mas….”dicen todos, es innato al hombre desde que vive en sociedad…. Ser el MAS es ser el rey de la tribu, y eso tiene sus privilegios. No han inventado nada las multinacionales, solo lo estan explotando, tanto abuso de argumento deforma nuestra visión de la realidad, eso si.
    A ver como convencemos ahora a nuestros hijos de que tener Más no es lo mismo que ser Más…..y que ser Más no implica ser mejor que el otro…. galimatias.

  4. Joaquin en dijo:

    Muy bueno.
    Enseguida me he acordado de la obsolescencia programada, que supongo que conoceis y que está relacionado con el tema del MÁS.
    También es muy posible que ya hayais visto este documental:
    http://www.documaniatv.com/social/comprar-tirar-comprar-obsolescencia-programada-video_5ff991144.html

    “Comprar, tirar, comprar”

    • Exacto.
      De hecho, estuve a punto de incluir la obsolescencia programada en el post.
      Pero ya era meter demasiadas ideas juntas (y aturullar a la gente y seguramente también a mí mismo).
      Así que al final no hablé de ella.
      Gracias por el comentario y por el link.

¿Quieres decir algo?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s