NI UN TÍTERE CON CABEZA.

(Una mirada escéptica de un publicitario a todo lo que intentan vendernos).

El asesino de Toulouse, la telebasura y esa parte de nosotros mismos que no conviene alimentar.

La historia la conocemos todos. Mohamed Merah, el asesino de tres paracaidistas y de un hombre y tres niños judíos en Toulouse, llevaba una videocámara con la que iba grabando sus asesinatos a modo de juego de PS3. Dichas grabaciones llegaron a la cadena de televisión Al-Jazeera, quien estuvo sopesando si las emitía o no. Finalmente, tras muchas presiones públicas (y seguramente muchas no tan públicas) la cadena decidió no emitir esas imágenes. Lo sorprendente no es que finalmente decidieran no hacerlas públicas. Sino que estuvieran dudando sobre si hacerlo cuando lo que se ve en ellas es la barbaridad de cómo se asesina a 4 hombres y 3 niños de solo 4, 5 y 7 años.

En su afán por vender productos televisivos que generen audiencias multitudinarias, algunas cadenas televisivas llevan años entrando en una espiral de degradación de su oferta. Eso que ha dado en llamarse telebasura es un fenómeno global. Algo más próximo a ir al circo a ver a los leones devorando cristianos que a una fuente de información entretenida pero no degradante.

Algo centrado en ensañarse en las miserias humanas y en el morbo porque “eso es lo que genera audiencia y lo que la gente quiere ver”.

Ése es el gran argumento que venden. “Es lo que la gente quiere ver”.

La exhibición impúdica de vidas, la apología de la vulgaridad o el ensañamiento público con determinadas personas es la materia de la que están hechos esos programas. Sin embargo, en determinadas ocasiones, esos programas llegan hasta la línea en la que se encuentra la muerte.

Y en búsqueda de la audiencia que puede generar el morbo, la traspasan. Y entonces les llueven las hostias.

Hace unos meses, el programa “La noria” de Tele5 entrevistó a la madre de El Cuco, juzgado por la muerte y desaparición de Marta del Castillo, entrevista por la cual la madre recibió 9.000€. Es decir, tu hijo está implicado en un asesinato especialmente cruel como es éste, y a una cadena de televisión no se le ocurre mejor idea que pagarte para que vayas a hablar sobre ello. Y, claro, aumentar su audiencia.

La sensación de náusea colectiva fue enorme. (Y hubo presión social, ardió la blogosfera y hubo una retirada masiva de anunciantes del programa).

Y hace unos años, en 2006, ocurrió algo parecido en Estados Unidos con O.J. Simpson, aquel exjugador de fútbol americano acusado de haber asesinado a su ex-mujer, y que pese a todas las evidencias fue declarado no culpable por un jurado que alguien describió, a tenor de dejarlo en libertad con todas las pruebas de culpabilidad que se habían visto, como “un jurado probablemente compuesto por autistas”.

La cadena de televisión Fox tenía programada una entrevista en 2006 con Simpson en la que éste iba a hablar sobre un libro que había escrito y que se iba a publicar en breve. (Iba a publicarse en ReganBooks, una editorial de News Corporation, el mismo grupo dueño de Fox).

¿Título del libro? “If I did it” (“Si yo lo hubiera hecho”). ¿Objetivo de la entrevista en Fox? Contar lo que contaba en ese libro: cómo hipotéticamente habría llevado a cabo el asesinato de su mujer si en realidad lo hubiera hecho.

Es decir, rizando el rizo. Estás acusado de haber asesinado a tu mujer, un jurado te declara inocente pese a todas las evidencias que dejan tu imagen pública como realmente culpable y no se te ocurre mejor idea que escribir un libro contando con detalle cómo habrías asesinado a tu mujer si en realidad lo hubieras hecho. Y ganar dinero con ello, claro.

Y ganar audiencia Fox con la entrevista (y su grupo propietario, News Corporation) y ventas la editorial con el libro (y su grupo propietario, News Corporation).

La sensación de náusea colectiva fue enorme. (Y hubo presión social, se inflamaron los medios y finalmente la entrevista fue anulada, el libro no se editó y la responsable de la editorial fue despedida).

La muerte es el caso extremo y el elemento cuya exposición pública vinculada a conseguir beneficio económico provoca más repulsión. Por eso muchas veces es la última frontera que algunas televisiones no se atreven a cruzar.

No por una razón moral, sino de beneficio. Por el riesgo de que se les vuelva en contra. Y de que el movimiento que han hecho para ganar dinero les suponga en realidad perderlo.

Por eso, cuando los anunciantes empezaron a retirarse de “La noria” y el incendio no se apagaba, apareció Paolo Vasile, Consejero Delegado de Tele5, disculpándose públicamente por aquella entrevista. “Nos equivocamos, nos equivocamos muchísimo”, dijo Vasile. Y por eso, cuando las críticas ante la entrevista y el libro de O.J. Simpson no menguaban, sino que no dejaban de crecer, Rupert Murdoch, el dueño de News Corporation, apareció en público para informar de la cancelación de la entrevista y la no publicación del libro. “Tanto yo como otro directivo estamos de acuerdo con el público americano en que este proyecto fue un error desde el principio”, dijo Murdoch.

Cuando la equivocación amenazaba con dañar los beneficios económicos, aparecieron los empresarios para intentar reducir los daños (es decir, las pérdidas).

Pero tanto estos casos como todos los demás de telebasura y/o de exhibición de elementos morbosos, descansan en un hecho fundamental. El hecho de que son cosas que generan atracción, producen fascinación en la gente.

Porque es así. Todo eso provoca el mismo inagotable interés y fijación ante la pantalla que ver las imágenes de los aviones del 11-S hundiéndose en las Torres Gemelas como cuchillos calientes en la mantequilla.

Lo cual me lleva, como en el post del lunes pasado, a una reflexión de David Foster Wallace (juro que no tengo acciones de la empresa que posee sus derechos editoriales). En 2004, coincidiendo con el décimo aniversario de la muerte de su exmujer, la cadena americana NBC entrevistó a O. J. Simpson, programa durante el cual la entrevistadora le planteó cuestiones tan morbosas como si sus hijos le preguntaban alguna vez por el crimen (toma sutileza). Transcribo a Foster Wallace hablando de la entrevista y de la cara de Simpson:

La entrevista y la cara constituyen un entretenimiento televisivo de lo más absorbente. Resulta casi imposible apartar la mirada o no sentir esa clase especial de excitación culpable en las partes más indecentes y ávidas de uno mismo. Se siente de verdad: por eso los conductores aminoran para echar un vistazo a los accidentes, los reporteros plantan micrófonos en las narices de los parientes destrozados (…) y las formas más crueles de reality shows televisivos y noticias sensacionalistas generan semejantes cifras. Pero eso no significa que la fascinación sea buena, ni siquiera que produzca buenas sensaciones. ¿Acaso no hay partes de uno mismo a las que sería preferible no alimentar? (…).

Como comunidad, ¿no deberíamos elegir no satisfacer, gratificar ni reforzar ciertas partes de las personas? Pero, ¿y si satisfacer dichas partes es un negocio sólido y rentable? Entonces, ¿qué? 

En último término, los programas de telebasura de ciertas cadenas son rentables porque hay un número relevante de personas que los ven. Un número que genera ingresos porque hay anunciantes interesados en pagar por anunciar su marca ante esas personas.

Al final, cada uno decide individualmente si quiere ver esos programas o no. Si quiere alimentar esa oscura parte de uno mismo o no.

Porque no son solo cosas extremas como la muerte las que nos degradan como comunidad.

También, y sobre todo, lo hacen los programas con discusiones a gritos, la zafiedad, la vulgaridad, la exhibición impúdica de la intimidad, el hurgar en los dramas personales por parte de autoproclamados periodistas que no son muy distintos en realidad de los perros callejeros cuando buscan de qué alimentarse removiendo en la basura.

¿Somos eso?

O mejor dicho, sabiendo que podemos llegar a ser eso, ¿queremos convertirnos en eso?

Cada uno decide dónde está su propio límite. Y finalmente la cuestión es muy simple. Tan simple como tomar la decisión individual de coger el mando a distancia y no ver nada de todo eso en lo que nos podemos convertir.

De no ver nada de todo eso que no queremos ser.

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16 pensamientos en “El asesino de Toulouse, la telebasura y esa parte de nosotros mismos que no conviene alimentar.

  1. Heidi en dijo:

    Impecable la argumentación. Pero yo me pregunto si todos lo sabemos (porque lo sabemos. Si no lo supiéramos la gente reconocería que ve estos programas y no es así ), porque no tomamos esa sencilla opción individual, porque no decidimos cambiar de canal?

    • Porque yo creo que hay quien prefiere seguir alimentando esa parte oscura de sí mismo.
      (Aunque sepa que no está bien y que ver eso no te aporta nada y por eso lo medio esconde).
      Y hay también quien no ve nada malo en verlo, porque no considera que sea algo malo ni que lo degrada y que Belén Esteban (es un decir) es una mujer luchadora que ha sacado a su familia adelante y que es una persona admirable a la que reírle las gracias (es un decir).
      Y entre unos y otros, allá que se dispara el share.

  2. Maroto77 en dijo:

    Seguro que los más viejetes recordamos el bombardeo televisivo que se produjo con el caso Alcasser (entrevistas a los padres incluídas), por aquella época debió de empezar a torcerse el negocio.

    Ahora no ponen reparos los programadores/verduleros, gritando entre el gentío del mercado: “Cuarto y mitad de morbo, ¡que me lo quitan de las manos, oiga!”. Y la gente compra infamias así, con dos cojones y sin muchos reparos.

    Enhorabuena por el post, creo que es el que más me ha gustado desde que empezaste el blog.

    • Gracias por los ánimos.
      Sí, yo recuerdo lo de Alcàsser.
      Entonces se alcanzaron cotas de degradación y de competencia entre las televisiones por vender morbo que, como bien dices, tal vez fue el punto de inflexión del negocio.
      Se hicieron cosas entonces que ni siquiera hoy se harían.
      Supongo que porque hoy algo hemos ido avanzando en cuanto a baja tolerancia sobre ciertos excesos televisivos.
      Aunque queda mucho por hacer.

  3. magi en dijo:

    – Hola Javi, muy buen articulo.

    En ocasiones tengo dudas si la vida es un viaje a hacia adelante, o hacia atrás.
    Me explico, si nos mejora, pule, o por el contrario lo que hace es que con el
    tiempo rescatemos nuestro propio yo, nos liberemos la mochila de toda la
    educación y presión social recibida .
    En el caso de la juventud , tan propicia a ver películas de terror como viernes 13, entiendo que todas estas experiencias sirven de algún modo para su largo camino en la vida. En el caso de una persona adulta, tal vez, por por unos momentos no analizar su propia existencia. En definitiva la televisión es un reflejo de la sociedad,
    tristemente eso es lo que somos, y las nuevas generaciones, no parecen que
    vayan a mejor.

    • Yo la verdad es que no sé si la vida es un camino hacia adelante, hacia atrás, hacia la derecha o hacia la izquierda (aunque en general uno se vuelve conservador con los años y acostumbra a escorarse hacia la derecha).
      Lo que sí veo, como ves tú, es que la televisión puede ser un reflejo de la sociedad, pero la televisión también ayuda a modelar la sociedad.
      No mucho, pero algo sí.
      Es eso tan difuso que se ha dado en llamar la función pública.
      La cuestión es si hay alguien que la ejerza, más allá de la nueva TVE (a ver qué dejan de ella los del PP) y algunos momentos de TV3 (que ya no incluyen los informativos, tan serviles desde hace un año con los discursos de CiU).
      La esperanza con las nuevas generaciones es que de todas las pantallas frente a las que pasan su vida, la de la TV es a la que le dedican menos tiempo.
      Y buscan el entretenimiento en otros sitios.

  4. Euric en dijo:

    Será por eso que hace años que no veo más TV que los informativos y, recientemente, ni eso. Vaya, que no paso de ver series bajadas de internet.

    Pero no te respondo por explicarte mi historia sino por recordarte que esto viene de lejos, de hace siglos, cuando los corros de vecinos ponían a parir (y lo siguen haciendo) a cualquiera. Y admiraban a cualquiera. Y envidiaban o despreciaban al resto. La TV simplemente convirtió esa faceta humana de la plaza del pueblo en movimiento nacional, ahora internacional. Así que lo triste para mi no es de donde venimos, pq viene de muy lejos, sino que sigamos en el mismo camino y seamos pocos (y raros) los que por aburrimiento y desinterés, no cumplamos con el target de la mayoría. Aún. Sólo espero que mis tataranietos puedan decir lo contrario…

    • Hola, Euric, eso que dices me recuerda lo que McLuhan llamaba la aldea global.
      Él lo empleaba en un sentido algo distinto, pero en el fondo es lo que ocurre ahora.
      Estamos conectados a todo y llega en el acto todo y hasta lo más lejano parece parte de nuestra vida cercana.
      Y, como en los corros de homínidos prehistóricos alrededor del fuego, se sigue cotilleando acerca de todo.
      Sinceramente, dudo que nuestros tataranietos sean distintos.
      Parece que eso forma parte de una pulsión humana que se aloja en nosotros desde la noche de los tiempos.
      Como el sexo, comunicarse o divertirse.
      Y esas cosas van a seguir ahí, sobre todo la primera (que es la más divertida), porque sin ella sí que no seguirá nada de nada.

  5. martini en dijo:

    bueno, vamos a ver, ante un drama yo no soy de las que se ponen la venda en los ojos y cambio de canal, no por quedarme absorta mirando las imagenes de las torres gemelas creo ni que la tele quiera crear morbo ni que a mi me guste.

    aparte de las comedias de Rock Hudson y Doris Day hay una realidad terrible que se debe mostrar para que nos conciencemos, todo está en cómo se trate el tema en cuestión, se puede crear morbo o no.

    Soy fan absoluta de SALVAME, asi como lo soy de REDES, lo que sí no veo son anuncios por lo mucho que me avergüenzan (bueno excepto el de DOLCE GABANNA de la epoca estival).

    nadie es lo que ve, la tele simplemente es un instrumento de entretenimiento y de enseñanza (a veces),

    el termino telebasura para uno puede ser SALVAME y para otros INTERECONOMIA.

    no te parece?

    • Bueno, yo creo que el término telebasura se puede aplicar stricto sensu a aquella programación que hurga en temas personales, en el morbo, en el amarillismo, en la vulgaridad.
      Muchas de esas variables son subjetivas, eso es cierto.
      En cambio, creo que no podría aplicarse a programación de contenido ideológico, como puede ser la de Intereconomía (aunque sí a “Sálvame”, que no he visto jamás porque ya de inicio su temática no me interesa. Tampoco he visto nunca “Redes” más que una vez durante unos 10 minutos).
      Como decía en el post, cada uno decide dónde está su propio límite.
      Hace tiempo leí a uno de los jerifaltes de una cadena de televisión diciendo: “Los gritos son el antizapping de la programación”.
      Él lo decía porque sostenía que a la que uno está haciendo zapping y cae en un programa en el que hay gente gritando, se queda ahí clavado.
      A mí justamente me ocurre lo contrario.

  6. Heidi en dijo:

    En este sentido, os recomiendo una película que se llama Juego de Inteligencia. Es alemana y los tiempos son algo distintos a lo que estamos acostumbrados, pero es una muy buena reflexión sobre la televisión y sus contenidos y sobre las audiencias y los audimetros.

    • Acabo de indagar un poco con Google (un buscador que no sé si alguien conoce pero que está bastante bien) y la verdad es que la peli tiene buena pinta.
      Eso sí, como tú dices, algunas personas hablan de su metraje y lo ven un poco excesivo para el desarrollo de la trama.
      Vamos, como que sobran algunos de los 130 minutos, pero que la peli está bien.

  7. Kim. en dijo:

    Coincido y está cojonudo escrito. Kim.

    • Pues me alegro de que coincidamos.
      Y muchas gracias, Kim.
      Pásatelo bien por Shanghai, si es que no has venido por aquí para ver a la familia por vacaciones.

  8. Azul en dijo:

    Que buena critica, la verdad la basura abunda en todo el mundo, y aquí somos la exepción.

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