NI UN TÍTERE CON CABEZA.

(Una mirada escéptica de un publicitario a todo lo que intentan vendernos).

Esa extraña relación con el dinero. Del tío Gilito a Iñaki Urdangarin.

No hay problema en el mundo que se le resista a un taxista. Ninguno. Tienen una solución para todo. Rápida y sencilla, además. En un breve trayecto son capaces de contarte cómo solucionarían ellos en un pispás el problema del paro, la guerra árabe-israelí, la integración de los inmigrantes, la crisis económica y el cambio climático. Y si el trayecto es un poco largo, aún les sobra tiempo para arreglar cualquier matrimonio. No hace mucho, un taxista me ofreció una solución para el tema de la corrupción tan sencilla como aparentemente incuestionable. Dicho en sus propias palabras: “Pongamos políticos ricos, que como son ricos no necesitarán robar”. Y, al menos yo, no es la primera vez en que la oigo. Ya he oído en más de una ocasión a alguien vendiendo ese argumento.

El razonamiento se vende con una solvente apariencia lógica. Con un silogismo que firmaría el mismo Aristóteles. (Si no estuviera demasiado ocupado estando muerto como para poder firmar algo, claro).

“Todos los políticos que se corrompen lo hacen para ganar dinero. Los ricos ya tienen mucho dinero. En consecuencia, como ya tiene mucho dinero, un político rico no se va a corromper”.

Sin embargo, bajo la primera premisa del silogismo descansa un error fundamental. El error de ver en la relación con el dinero únicamente una lógica racional. Cuando justamente en esos casos la relación responde a una motivación emocional.

Para la inmensa mayoría de personas, la relación con el dinero es puramente racional. Porque para ellas el dinero es un medio para poder conseguir cosas. Unas vacaciones, un televisor nuevo, una casa, una vida mejor… Es decir, uno gana dinero para conseguir un fin. Lo gana para gastárselo en algo que le produzca una satisfacción o un placer. Es así de racional. (Vamos a llamarlo Estadio 1).

Sin embargo, en otras personas la cuestión del dinero no es un asunto tan racional. Ganar dinero no es el medio para conseguir un fin. Sino que es el fin en sí mismo. Es decir, uno lo gana por la satisfacción y el placer que le produce ganarlo. Lo gana para disfrutar ganándolo. Disfruta aprovechando cada ocasión para ganarlo. No dejando pasar ninguna oportunidad de ganarlo, sea poco o mucho. (Como es el segundo, vamos a ser originales y llamarlo Estadio 2).

Y este último estadio, precisamente, se da más en los casos de personas que no necesitan ganar dinero para cubrir sus necesidades porque ya poseen tanto que las tienen totalmente cubiertas. Cuando uno tiene que conseguir dinero para poder vivir, su relación con él es totalmente racional porque no puede ser otra (lo gana para poder comer, tener un techo bajo el que dormir, ir de vacaciones en un crucero y luego descubrir qué poco soporta a su familia). Cuando todo eso ya lo tiene cubierto, las posibilidades de tener con el dinero una relación emocional son probablemente mayores.

Lo más curioso de todo esto es que cuando uno está en el Estadio 1 del dinero (ganarlo para disfrutar de cosas) no entiende qué pasa por la cabeza a los que están en el Estadio 2 (ganarlo para disfrutar ganándolo).

Y esto nos lleva, para empezar, al caso Urdangarín.

Mucha gente, ante todo lo que está aflorando en este caso, se asombra por el hecho de que teniendo tanto dinero como tiene, Urdangarín se metiera en esos líos, cuando no necesita tener más dinero. Y el asombro no se produce solo por las filtraciones en la prensa acerca de grandes cantidades de millones movidas a paraísos fiscales o por las grandes cifras cobradas a diferentes organismos por informes tan vacíos de contenido como el cerebro de muchos famosos.

Sino que el asombro es mayúsculo cuando se filtra que tenían becarios cobrando en negro porque así no les pagaban 100€ más de sueldo, que había personas que no trabajaban allí pero que oficialmente sí lo hacían para de este modo ganarse la empresa unos míseros 300€ en bonificaciones fiscales…

Y mucha gente (la que vive en el Estadio 1) se asombra ante esto último y ese asombro se resume en dos preguntas: “¿Para qué más? ¿Hacía falta llegar a eso?”.

El mismo asombro que se produjo con el caso Palau de la Música. El presidente de su patronato, Félix Millet, confesó haber desviado 3,3 millones de euros para su uso personal, aunque según el sumario son en realidad 10 millones. Pero el asombro no se produjo solo ante esa elevada cifra.

Sino cuando se supo hasta qué nivel llegaba Millet. Como por ejemplo, con la boda de su hija, cuyo coste de 80.000€ fue pagado íntegramente con dinero procedente del Palau de la Música (coste cero para Millet), pero luego Millet le cobró la mitad a sus consuegros (con lo cual no solo se ahorró sus 40.000€, sino que encima ganó 40.000. Yo habría dado otros 40.000 por ver qué cara debió de poner el consuegro al enterarse).

Y mucha gente (la que vive en el Estadio 1) se asombraba ante eso y se preguntaba: “¿Para qué más? ¿Hacía falta llegar a eso?”.

Pero todo esto palidece ante un caso que me viene a la memoria, no de corrupción sino de desmesura. El de Jack Welch, expresidente de General Electric (un caso a lo grande, como pasa con todo en Estados Unidos, sean coches, casas o raciones de comida). En 2002 su esposa inició un proceso de divorcio en el que salió a la luz pública, además del gusto de Jack Welch por mujeres que no eran su mujer, el acuerdo de jubilación que se había establecido Jack Welch antes de dejar su empresa.

Entonces se supo que el expresidente de General Electric, cuyo humilde patrimonio era de 456 millones de dólares, se había concedido una pensión anual de 9 millones de dólares, el uso de un lujoso apartamento en Nueva York con vistas al Central Park valorado en 15 millones de dólares, un Boeing 737 a su disposición las 24 horas del día y un Mercedes SLR renovable anualmente.

El asombro empezó cuando se supo que además había acordado reservas de por vida (repito: de por vida) en asientos de privilegio para cada partido de baloncesto de los Knicks, cada partido de tenis del U.S. Open, cada partido de Wimbledon, cada partido de béisbol de los Yankees y cada función de ópera del Metropolitan.

El asombro creció más al saberse que además General Electric le tenía que pagar las comidas en restaurantes y las cuotas de socio en varios clubes de golf.

Y el asombro ya dio paso al pasmo cuando se conoció que además había establecido que le pagaran las cuotas de televisión por cable de sus cuatro casas en Estados Unidos, los periódicos, las flores para decorar la casa, las cuentas de la tintorería y hasta el champú.

Tienes 456 millones de dólares de patrimonio y una jubilación de 9 millones anuales y estableces que tu ex-empresa te pague la tintorería y el champú.

Y la pregunta es inmediata: “¿Para qué más? ¿Hacía falta llegar a eso?”.

Y es que hay gente así. Gente que tiene una relación con el dinero que a la mayoría nos cuesta entender. Gente que disfruta ganando dinero, no por lo que le permite disfrutar el dinero, sino por el hecho mismo de ganarlo. Gente que se sumergiría y disfrutaría en una piscina de monedas como el tío Gilito. Gente que no deja pasar la oportunidad de optimizar cualquier oportunidad, aunque sean solo 100€. Porque piensa: “Si puedo sacar un poco más de dinero, ¿por qué no hacerlo?”.

Por eso lo que venden algunas voces de que habría que poner políticos ricos en el poder, porque se supone que como son ricos ya no necesitan robar, es una falacia tan grande como los pechos siliconados de una actriz porno. En realidad, si en la vida privada disfrutan ganando dinero y no dejando pasar ninguna oportunidad para hacerlo, ningún resquicio para hacerlo, ninguna ocasión para hacerlo, en política probablemente harían exactamente igual.

Eso sí, viendo la cabeza de nuestros políticos, a bastantes de ellos no habría que pagarles mucho en champú.

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28 pensamientos en “Esa extraña relación con el dinero. Del tío Gilito a Iñaki Urdangarin.

  1. Heidi Güells en dijo:

    Sólo dos palabras: im presionante!!! Este me ha encantado. Ni un taxista lo hubiera hecho mejor.

    • Muchas gracias, Heidi.
      (Ahora que nadie nos oye, te voy a confesar la verdad. En realidad este post me lo escribió un taxista durante una carrera de 15 minutos. Lo hizo justo después de solucionar el problema del hambre en el mundo y antes de arreglar la crisis financiera internacional).
      Besosssssss.

  2. magi en dijo:

    – Hola Javi,

    – Lo triste de vivir en el estadio 2 es que todo lo demás pasa a un segundo
    plano. No me puedo imaginar la pobreza de espíritu que tiene esa gente.

    Por otra parte vas a conseguir que ningún taxista vuelva a hablarte más,
    cosa que a veces ameniza el trayecto. Por último todos somos en ese sentido
    taxistas, cada vez me corto más a hablar por no caer en ese estadio de estupidez,

    • Bueno, bueno, a ver, que lo del taxista era un mero punto de partida.
      Sobre todo por esa componente simple y fácil de encontrar soluciones muy sencillas a problemas que en realidad no lo son.
      Creo que fue Paul Arden, aquel realizador inglés tan peculiar y con el que trabajé una vez y fue una experiencia bastante curiosa, quien publicó un librito titulado “La sabiduría del taxista”.
      En cualquier caso, y volviendo al tema esencial del post, dicen que el dinero cambia a la gente.
      Tengo la sensación de que en realidad el dinero no saca nada que no estuviera ya dentro de cada uno.

      • Artur en dijo:

        Excelente texto, aunque en llegando el caso no sé como reaccionaría cada uno.
        Nunca puede decirse de este agua no beberé. Cuesta encontrar personal íntegro.
        Felicitaciones.

      • Hola, Artur, gracias por el comentario y por los ánimos.
        Sí, tienes razón, uno nunca sabe cómo reaccionaría uno mismo ante una situación.
        Yo creo que en el tema del dinero y la ilegalidad lo tengo claro.
        Pero no pondría la mano en el fuego por mucha gente.
        La suya sí, claro.
        Saludos.

  3. ¿Alguien sabe a qué dirección hay que enviar el cv para trabajar en General Electric como jefe?

    • Llegas tarde.
      Ya me he pedido yo el cargo.
      Y como bonus, un bote de champú de L’Oréal.
      Había pensado en algo de Natura Bissé, pero tampoco he querido apretar demasiado en la negociación.

      • Josep en dijo:

        Excelente post, estas sembrado.

        No puedo comprender a la gente que , teniendo dinero suficiente para no tener que pensar en el dinero, se complica la vida y pone en riesgo cosas mucho más importantes. Tenemos muchos ejemplos cercanos, a uno u otro nivel, pero nunca deja de sorprenderme esta actitud.

        Y no mientas, Javi, tus amigos sabemos que eres el único tío heterosexual del mundo que se compra el champú en una web extranjera y no es l’Oreal, precisamente…

      • Eso te pasa porque estás en el Estadio 1, Josep.
        Aunque tienes un ejemplo muy cercano y famoso de Estadio 2 a quien puedes preguntarle en vuestra próxima cena.

        Y Josep, éste no es el foro adecuado para hablar de mis marcas de champú.
        Que habrá quién piense que te gusta tirar al suelo pastillas de jabón.

  4. Euric en dijo:

    Elocuente y cierto como siempre :))

    • Gracias, Euric.
      Veo que al fin tus comentarios no son casi tan largos como mis posts.
      ¿Influencia del mutismo asiático tras tu viaje a China, quizá?

      • Euric en dijo:

        Resultado de los 400 mails pendientes de leer y decidir leerte para refrescar mi atascada (y achinada) cabeza.

  5. ¡Cuánta razón tienes Javier! Los del Estadio 2 (me encanta la nomenclatura) son ricos porque no se gastan ni un duro. Bajo ningún concepto.
    En la universidad coincidí con una persona que era hija de una de las familias de más “status” de Barcelona y era una profesional en gorrear cafés y copas a todo el mundo. Incluso, cuando íbamos de cena en grupo, se encargaba de hacer los cálculos del dinero y de recogerlo…y ella nunca pagaba porque dividía el importe total entre todos, menos ella. Eso sí, Audi, casa en la zona alta, la ropa más cara…
    Seguro que ahora dirige alguna empresa a la que le roba el champú descaradamente

    • Di la verdad.
      Viste que era buena administradora.
      Y te casaste con ella.

      • No, congeniamos bastante, pero tenía un problema importante de alcoholismo con el dinero de los demás que echaba para atrás!

      • Por cierto Javi ¿cuál es tu opinión sobre la polémica de Loewe?

      • Hola, Miquel.
        Acabo de opinar sobre ello hace 5 minutos en ese post de tu blog.
        Así que corto y pego la respuesta que he dejado allí.
        Que, sorprendentemente, sigo pensando lo mismo que hace 5 minutos.

        Bueno, creo que es el típico caso en el que los ingredientes analizados en abstracto por separado tendrían sentido.
        Pero que juntos son un desastre.
        (Para la marca, claro).
        Porque dices: “Para rejuvenecer la marca vamos a hacer un vídeo con hijos de famosos y con música y con frases sueltas de ellos y con un tono fresco” y tiene sentido.
        Y lo ves hecho y es un desastre.
        (Para la marca, claro).
        Fundamentalmente, creo es es producto de una falta de criterio.
        Falta de criterio al seleccionar las frases (seguro que había frases menos vacuas y menos tontas. Y de hecho tampoco necesitas que digan nada, en muchos de estos casos, mejor que la gente no hable. Es lo que pasa, por ejemplo, con los anuncios con Messi).
        Falta de criterio al seleccionar los actings (hay algunos ñoños de narices y no sé cuántas veces las chicas se tocan el pelo).
        Falta de criterio al plantear las situaciones.
        Falta de criterio en montaje.
        Falta de criterio sobre la sensación que se buscaba generar para la marca tras ver el vídeo.
        Etc, etc.
        La moda es un mundo aspiracional, sobre todo con los precios de Loewe.
        Dudo mucho que haya nadie que vea a esos chicos de modo aspiracional tal y como aparecen en el vídeo.
        Por suerte para Loewe, las marcas tienen mucha inercia y hay que hacer muchas cagadas seguidas durante mucho tiempo para cargársela.
        Pero por cosas como ésta se empieza.

  6. eres un crack! tengo una pregunta, yo también soy publicista, tú ahora que lo has dejado, ¿de qué vives? es que quiero ser como tú, eres un crack!

    • La respuesta a tu pregunta es muy simple, Javier.
      Yo me alimento del aire por ósmosis mística.
      Y no camino sobre el suelo, sino que levito por encima de él como un espíritu para no hollar el terrenal mundo y no manchar ninguna parte de mi ser.
      Pero tú también puedes conseguirlo, Javier.
      ¡Tú puedes!
      ¡La fuerza y la luz también están dentro de ti!
      Solo tienes que hacerme un ingreso de 3.000€ en la cuenta de mi secta y te cuento cómo.

      • pues voy a ir ahorrando! eres el nuevo Bertrand Russell, sólo te falta acabar detenido un par de veces…Porque…no has estado detenido nunca no? esto del tio gilito lo trata Bertrand en “La conquista de la felicidad” y me ha gustado verlo en tu blog, es importante!

        saludos

      • Anda, pues me leí hace muchos años ese libro pero no recuerdo nada del tío Gilito en él.
        ¿Qué decía Russell?

      • “La conquista de la felicidad” de Bertrand Russell. Escrito en 1930, el tipo habla de causas de infelicidad y felicidad. Como premio Nobel y sobre todo como nieto de un dos veces primer ministro inglés, conoció a mucha gente con todo lo necesario para ser feliz y que en cambio no lo fue debido a un error en la concepción de éxito que imperaba en la Inglaterra de aquellos días (y que según Russell es ahora el modelo del hombre blanco mundial). Y dedica un tema a la competencia y al éxito:

        “En el siglo XVIII, una de las características del caballero era entender y disfrutar de la literatura, la pintura y la música. En la actualidad, podemos no estar de acuerdo en sus gustos pero al menos eran auténticos. El hombre rico de nuestros tiempos tiende a ser de un tipo muy diferente. Nunca lee. Si decide crear una galería de pintura con el fin de realzar su fama, delega en expertos para elegir los cuadros; el placer que le proporcionan no es el placer de mirarlos, sino el placer de impedir que otros ricos los posean”.

        “El conocimiento de la buena literatura, que era universal entre la gente educada hace cincuenta o cien años, está ahora confinado a unos cuantos profesores. Todos los placeres tranquilos han sido abandonados. Unos estudiantes estadounidenses me llevaron a pasear en primavera por un bosque cercano a su universidad; estaba lleno de flores silvestres, pero ninguno de mis guiás conocía el nombre de una sola de ellas. ¿Para qué iba a servir semejante conocimiento? No podía aumentar los ingresos de nadie.”

        El concepto de éxito marca las vidas de mucha gente y creo que puede ser un tema a tratar. Creo que esto se relaciona con que gente como Madoff se meta en líos semejantes, etc.

        Todo esto me pilla cerca porque me he leido el libro hace poco y estoy escribiendo un guión que gira en torno al concepto de éxito actual…

        Un saludazo y gracias por el blog!

  7. Hola Javi. Hoy estoy totalmente de acuerdo contigo. Hay gente que lo tiene todo, y aún así, quiere más…

    Creo que se llama Vanidad. Y a mi me parece una enfermedad mental.

    Cuando el dinero ya deja de ser sólo dinero y se convierte en cosas como “éxito”, “status”, “poder” o incluso “sex-appeal”…. ¡Ojito!, que entramos en el estadio 2.

    Y la gente que vive en el estadio 2 (y hay mucha más de la que parece, aunque sea a pequeña escala) es peligrosa. Mejor alejarse de ellos. Pisan fuerte y arrasan con lo que sea para conseguir más y más….

    Si veo uno de estos tipos peligrosos cerca, te aviso. O tipas, que también las hay.

    Chuna

    • Hola, Chuna.
      Pues sí, da igual la escala a la que se muevan.
      Hay gente del Estadio 2 en todos los niveles.
      Son como el Manolito de Mafalda.
      Pero menos graciosos que él.

      • Así, de pronto, se me ocurren 5 ó 6 nombres rápidos que tú y yo conocemos. Pero no los voy a poner por escrito, claro…

  8. Chano en dijo:

    Los del 2, son del 2 porque no gastan, y una vez que te acostumbras a no pagar nada y a hacer montañita, ya no quieres pagar más, y todo lo quieres ahorrar. Todos los tipos de pasta gansa que conozco, son muy muy agarrados. A lo mejor por eso son ricos.
    Por cierto, que éste diogenismo de patrimonio es extrapolable a otras áreas. Tengo un amigo cercano (aquí harás el chiste) que después de casi un año sin practicar sexo con otra persona, le surgió la oportunidad y contaba que pasó de aprovecharla porque le perecía una pena perder el récord. Era un número 2 del no sexo.
    Así que ahí lo tienes: Cuanto más tienes, más quieres, ya sea pasta, halagos o la plusmarca mundial de continencia sexual.

    • Yo creo que tal vez es al revés.
      Algunos del 2 no son del 2 porque no gastan.
      Sino que, como son del 2, no gastan.
      Por asociación de ideas con la historia de tu amigo del sexo, el sexo está en la cabeza.
      Y la relación con el dinero, también.
      (Aunque es cierto lo de que cuanto más tienes, más quieres. Sea de lo que sea).

      Ahora recuerdo una anécdota que corría acerca de Rockefeller.
      Dice la leyenda que instaló en su enorme mansión teléfonos de pago.
      Para evitar que alguna visita o alguien del servicio pudiera llamar gratis.
      Eso el tipo que, poniendo la fortuna en perspectiva, ha sido más rico que nadie lo ha sido en la historia.
      Mucho más de lo que lo son Gates o Slim.

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