NI UN TÍTERE CON CABEZA.

(Una mirada escéptica de un publicitario a todo lo que intentan vendernos).

Educar a los hijos en la cultura del esfuerzo cuando todo está pensado para no hacer ninguno.

La palabra educar, como los diamantes que tanto gustan a las mujeres rubias llamadas Marilyn, tiene muchas caras. Pero fijándonos en su origen, es un término que indica claramente en qué consiste esa tarea. Educar viene del latín educare, que a su vez es la mezcla por un lado de la palabra ducere, que significaba guiar (de ahí venía el apelativo de Dux para los mandatarios de Venecia o el de Duce que se agenció Mussolini), y por otro de la preposición ex (desde, fuera de). Es decir, y resumiendo, vendría a significar algo así como encaminar. Y también (esta versión es más poética) sacar afuera algo que hay dentro de alguien.

Educar, por supuesto, no es una tarea que se enseñe en universidades ni colegios. Uno aprende haciéndolo. Y ahí te aclaras tú con si lo haces bien o mal y con si tu hijo acaba hecho un mastuerzo o un ser humano más o menos decente. (Curiosamente, para conducir un coche uno tiene que superar diversas pruebas y demostrar que está capacitado para ello. En cambio, para tener un hijo y educar a ese ser humano, ni una. Basta con tener unos espermatozoides especialmente activos y un óvulo suficientemente receptivo. Y hala, adelante).

Pero hay un elemento esencial en esa tarea de educar. Y es que educar supone un esfuerzo.

Ejercer como padres y educar a los hijos supone un esfuerzo. El esfuerzo de guiarlos y ponerles límites y saber cuándo decir sí y cuándo no. El esfuerzo de dirigirlos como se dirige a alguien que uno tiene por debajo. El esfuerzo de intentar sacar lo mejor que llevan dentro (el exducare latino) y orientarlos por el camino que uno ve adecuado, para que se muevan ellos mismos dentro de él según su propio criterio. (Y si luego los genes no acompañan y te sale un Torrente en pequeño, pues a reclamarle a Darwin).

Y es un esfuerzo además porque exige un ejercicio constante de coherencia. Coherencia contigo mismo (no puedes decir hoy A, mañana B y pasado que tal vez C, esto no es política, donde uno va cambiando lo que dice y no pasa nada). Y coherencia con tu pareja, porque no puede ser que uno diga A y el otro diga B (y los niños están en una continua exploración del límite y son hábiles encontrando las grietas entre los padres y aprovecharlas en su beneficio con la misma celeridad con la que aprovecha Charlie Sheen cualquier hueco que ve para colarse en una habitación en la que haya drogas, mujeres de vida alegre y alcohol).

En suma, educar supone un esfuerzo. (No siempre fue así. Los padres romanos, por ejemplo, cogían mentores para educar a sus hijos, con lo cual ellos se liberaban de esa tarea y se podían dedicar a actividades más nobles y entretenidas como orgías y bacanales).

Y hoy en día, además, supone un esfuerzo mayor por otro elemento añadido propio de nuestra época. La práctica desaparición conceptual de la cultura del esfuerzo.

Desde todas partes nos venden mensajes de facilidad y de comodidad. Comidas preparadas que se calientan cómodamente en 2 minutos, coches ofrecidos en cómodos plazos, compras online para no tener que movernos de casa, cómoda financiación por parte de los bancos de los pisos que se han tenido que tragar con la burbuja inmobiliaria, productos que adelgazan colocándonoslos en la cintura y que te aplican descargas estimuladoras mientras tú estás cómodamente sentado en el sofá (mejor si al mismo tiempo no estás tomando cerveza y patatas chips ante la tele, porque entonces seguro que no vas a adelgazar).

Todo es cómodo, todo es fácil. La venta de los conceptos de comodidad y facilidad nos rodea por todas partes. Y en ningún lugar vemos cultura del esfuerzo.

Y nuestros hijos, como nosotros, tampoco ven esa cultura por ninguna parte. Y en su caso, además, se añade otro elemento que hace todavía más lejana esa cultura del esfuerzo.

El esfuerzo supone perseverar en algo. Hacer algo pensando en la recompensa a medio o largo plazo. Y ellos solo han vivido, como vivimos nosotros desde hace unos años, en la cultura de la inmediatez. Ellos no han conocido nada que no sea la cultura de la inmediatez.

Hoy las nuevas tecnologías han conseguido que todo se pueda hacer mucho más rápido que hace 10 años. Hoy todo puede hacerse en el acto. Enviar informes, contactar con alguien, recibir una foto, enterarse de una noticia… Y como puede hacerse en el acto, nadie concibe que no se haga en el acto. Y vivimos en una cultura de la inmediatez. Todo es ahora, todo es ya. Todo es inmediato.

Y lo más importante, todo es fácil.

Nosotros aún recordamos cómo era la vida antes de tanta irrupción de inmediatez. Nuestros hijos no, porque no han vivido otra,

La cuestión es qué tipo de niños (y sobre todo, futuros adultos) se están formando en esta cultura de la inmediatez. ¿Niños que no están acostumbrados a las dificultades, ni al esfuerzo, que no tienen cultura de la paciencia porque todo es aquí y ahora?

Así es en el ordenador, que reacciona en el acto a lo que ellos le dictan. O en Google, que les proporciona sin esfuerzo y en el acto lo que quieren encontrar. O en Wikipedia, que les concede información en el acto de lo que necesitan saber. O en las máquinas y aplicaciones que forman su mundo: lo inmediato de un Enviar, lo inmediato de la Mensajería instantánea, lo inmediato de compartir algo en Facebook, lo inmediato de Whatsapp, lo inmediato de Twitter, lo inmediato del mando a distancia cuando algunos todavía recordamos cuando para cambiar de canal había que levantarse del sofá e ir hasta el televisor (tarea que solía tocarle indefectiblemente al hermano más pequeño).

Cuando son pequeños, todos los niños son impacientes. Todo lo quieren ya y ahora. Y la tecnología actual está manteniendo esa componente natural de impaciencia de todos los niños cuando ya no son tan niños.

Solo el tiempo dirá si esta generación es más impaciente, menos sacrificada, menos largoplacista que la anterior.

Mientras tanto, no nos queda más recurso que seguir manteniendo el esfuerzo de intentar educarlos y esperar que en el futuro sean personas sólidas y con la cabeza lo mejor amueblada posible. Como escribió no recuerdo quién, “Educar a un hijo es como levantar un edificio. Cuando llevas solo unas plantas levantadas no se nota si el edificio tiene o no buenos cimientos. Es cuando vas por el piso 18 ó 20 cuando se ve si el edificio se tambalea o no”.

(Tengo que dejar aquí el post. Mi hijo necesita el ordenador para mirar no sé qué en la Wikipedia para un trabajo del cole que necesita acabar ya, pero ya mismo, papi. Y luego va mi hija para colgar en Facebook ya, pero ya mismo, papi, la importantísima foto de ella misma sonriendo que se acaba de hacer).

Anuncios

Navegación en la entrada única

27 pensamientos en “Educar a los hijos en la cultura del esfuerzo cuando todo está pensado para no hacer ninguno.

  1. magi en dijo:

    No sólo eso , y cuando tienen lo que quieren , pierden su ilusión en menos
    tiempo del que han necesitado por conseguirlo.

    Así que vuelta a empezar!

    • Escribió hace tiempo Borges en un cuento: “Consiguió lo que anhelaba su corazón y tardó mucho en conseguirlo, y acaso no hay mayores felicidades”.

      • Aún hay esperanza, de pequeños aún les gusta que les cuenten cuentos despacito. Pero al contarlos, los impacientes somos los adultos!

      • Sí, porque de pequeños les gusta oír cuentos y desean alargarlo todo lo posible.
        Y los padres, cansados, no desean alargarlo demasiado.
        Hasta que llega un día en que dejan de querer que les leamos cuentos.
        Y eso ya no vuelve nunca más.

      • Luego leen blogs 🙂

  2. Javi, suscribo totalmente lo que has dicho.
    Es agotador esto de educar, además nunca se acaba. Tienes que estar constantemente pendiente de dar ejemplo, de inculcar unos valores, de resistirte a los caprichos… Uno cree que lo está haciendo bien y ¡zasca! surge una serie de catastróficas desdichas y parece que se desmorona todo el proyecto. En fin, lo seguiremos haciendo lo mejor que podamos, sin el libro de intrucciones, pero con todo el cariño. Al fin y al cabo es de lo que se trata.
    P.D.
    No sé de que te quejas, te salen estupendos.

    • Georges Perec, un escritor francés que jugaba con el idioma (escribió una novela en la que no usó ni una sola vez la letra e, la más frecuente en francés, y luego escribió otra en la que la única vocal que usó fue la e) tiene un extraño libro titulado “La vida. Instrucciones de uso”.
      Estoy por escribir yo uno titulado “Los hijos. Instrucciones de uso”.
      Creo que sería un bestseller comprado por hordas enloquecidas de padres superados por los acontecimientos.

      Sí, sí, no me quejo de los míos.
      Por ahora pintan bien.
      Pero como me dijo una vez mi madre, “Niños pequeños, problemas pequeños”.

  3. A veces pienso que la persona que se esfuerza más que nadie es mi hija con las ingentes cantidades de memorizaciones, proyectos, deberes y hojas sueltas que hace día sí y otro también. Creo que están hartos los niños de esfuerzo desde la guardería, la primaria con métodos de estudio propios de universitarios, sin más apoyo en las horas de las tareas que los padres, (cansados) el instituto con exámenes para desayunar, almorzar, comer y cenar, el llevar y traer de burocracia y papeleo en la mochila de 10 kilos, el bilinguismo, el ejercicio físico como materia con nota, la religión o la alternativa etc., etc., etc. No me extraña que con 14 años lo único que quieren hacer es perderse de vista tanto esfuerzo para el resto de sus vidas.

    • Interesante apunte, Maureen.
      (Tal vez hasta dé para un futuro post).

      De todas formas, esa renuncia al esfuerzo es coherente con el agotamiento en el que viven también nuestros hijos, con unas agendas mucho más sobrecargadas que las que tuvimos nosotros (y mochilas también, te juro que no entiendo qué llevan mis hijos dentro de ellas. A veces pienso si llevan descuartizados compañeros de clase que les caen mal).
      El post entra más en el esfuerzo como sacrificio pensando en el futuro.
      Por eso la referencia a la cultura de la inmediatez, a conseguirlo todo en el acto.
      Mis hijos hacen sus deberes y sus actividades extraescolares porque no les queda más remedio, no por convicción pensando en el largo plazo.
      (También es cierto que los niños no tienen mucho largo plazo en su horizonte mental habitual).
      Y todo lo que les rodea les lleva a la inmediatez.
      A conseguir las cosas en el acto.

      Crucemos los dedos.
      Y que nos salgan todo lo bien que nos puedan salir…

  4. Hola Javi:

    Sólo un apunte de un padre novato ¿tú cuando eras niño no lo quería todo para ya? Puede que no te acuerdes, pero era exactamente lo mismo. Lo que pasa es que los nuestra generación (yo soy de los 60) no teníamos tanto para pedir para YA. Pero lo poco que había, era para YA seguro. Los niños son impacientes por naturaleza (el mío al menos lo es un huevo) y el largo plazo ni se lo imaginan, no entra en su cocorota. No hay mañana. Ni siquiera hay esta tarde. Sólo hay YA.
    Te pongo un ejemplo: ¿de verdad tú estudiabas para llegar a junio y aprobarlo todo para no ir a septiembre? No, tú estudiabas para aprobar el examen de mañana. Y para el de pasado mañana, todavía quedaba una eternidad..

    Respecto a la cultura del esfuerzo, en eso te doy completamente la razón. En mi casa tenía que aprobar las asignaturas del cole porque era MI TRABAJO. Ni regalos, ni premios, ni otros abalorios. Pero tenía compañeros de cole que aprobar significaba bici nueva, tele en la habitación, pelota de fútbol, etc. Yo alucinaba…y aprobaba más que ellos. No porque fuera un genio, ni más listo, ni más empollón, sino porque en casa me habían inculcado el valor del esfuerzo. Y además ellos, si suspendían y a final de curso aprobaban, el regalo era mayor. O sea, que el sistema de premiar el esfuerzo con premios era un fracaso evidente de los padres.

    Nosotros con nuestro enano nos atenemos a 2 reglas que nos han chivado en la guardería: MUCHA DISCIPLINA Y TONELADAS DE AMOR. Ni idea si funcionará.

    Por cierto Javi, recuerdos de Xavier Sánchez que dice te conoce desde hace años. Actualmente colaboramos mucho!

    • Hola, Miquel.
      Vamos por partes.

      Lo que dices de que los niños lo quieren todo para ya, es algo que también digo en la parte final del post.
      El punto para mí es justamente qué ocurrirá en el futuro con esta generación que ha unido a la naturaleza intrínseca impaciente de los niños la preeminencia inmediata de la tecnología actual, que difumina el concepto de esfuerzo.
      Yo la verdad es que no lo sé.
      Por eso lo dejo en el post como pregunta.

      Lo del estímulo-recompensa es el mecanismo adecuado.
      Por eso digo en el post que a los niños hay que tratarlos con el mismo sentido común que a la gente que tiene uno por debajo en el trabajo.
      Establecerles normas, marcar objetivos y premiarlos cuando los consiguen y no premiarlos cuando no.
      Hay padres que no hacen eso, lo cual para mí es un error educativo de bulto, y por ello comentaba al inicio del post que nadie exige a los padres demostrar nada para educar a un niño.
      Como es su hijo, haga usted lo que quiera.

      Dale recuerdos a Xavi también.
      Ya vi en uno de tus posts que te suministraba algún anuncio.

  5. Ah Javi, olvidé decir que soy ´tranhera! Tengo unas ideas un poco raras sobre el sistema de educación española. Tengo la impresión de que en mi país (Escocia) los niños se esfuerzan incluso menos. Estoy de acuerdo con tu análisis de la cultura de la inmediatez pero la cuestión es de lo que hacemos con toda esta información inmediata. Si es para más memorización, vamos mal. Wikipedia tiene mejor memoria que nosotros. Creo que hay que educar a pensar, a ser flexibles, a gozar de los conocimientos y a saber cómo conseguir más. Encuentro la idea del esfuerzo un poco nebulosa. ¿En qué sentido? ¿Y para qué resultados?

    • Completamente de acuerdo contigo en lo de memorizar. ¿A mí de qué carajos me sirve saber qué día acabó la circunnavegación al globo Juan Sebastián Elcano? (pregunta de 8º de EGB en un examen) Y de mayores lo mismo. Recuerdo un examen de radio en la facultad de Periodismo que nos hacían aprender de memoria un anuario de la radio española ¿para qué? ¿qué sentido tenía aquello? ¿de qué nos iba a servir saber el año y el día que empezó a funcionar la SER? (pregunta de examen de 3º de carrera).
      Hay que enseñar a los niños a pensar, a buscar nuevos caminos, a no conformarse con las ideas preestablecidas, a ser curiosos, a que entiendan que no hay una respuesta única para todo.

      • Bueno, pues me remito a lo que acabo de contestarle a Maureen.
        Y no puedo estar más de acuerdo con lo que dices en la última frase.
        Aunque igualmente es cierto que también en los niños pequeños hay cerebros más abiertos que otros a buscar nuevos caminos y a ser inconformistas.
        Hay caracteres para todo, como también los hay en los adultos.

    • Hola, Maureen.
      (Ya sabía que eras extranjera, lo dijiste en uno de tus primeros comentarios en otro post. Lo que no sabía es que eras escocesa. Tengo un amigo escocés y es, digámoslo así, un tipo peculiar).

      Para mí, memorizar no es el objetivo esencial.
      Sino aprender.
      Es decir, que ello sirva para estimular el cerebro a pensar y establecer asociaciones entre cosas.
      En cualquier caso, memorizar también me parece una manera de inculcar el concepto de esfuerzo.
      Dicho de otra manera, memorizar no como un fin, sino como un medio de disciplinar en el esfuerzo.
      Por poner un ejemplo.
      Mi hijo está estudiando ahora un montón de accidentes geográficos de Catalunya.
      ¿Le veo yo alguna utilidad?
      Ninguna.
      Salvo el hecho de que estarse dos horas sentado en la silla memorizando cordilleras, golfos y ríos lo disciplina en el concepto de esforzarse.

      Hace poco leía las conclusiones de un experimento sobre la memoria y las nuevas tecnologías.
      Resumido, consistía en que a unos sujetos se les iban mostrando sucesivamente informaciones en una pantalla.
      Y se les decía que todas ellas se iban a guardar en el disco duro del ordenador, salvo algunas que se les iría indicando que no se guardarían.
      ¿Conclusión del estudio?
      La gente solo memorizó aquellos datos que les dijeron que no se iban a guardar en el disco duro.
      Los restantes, no.

      Como sabían que en cualquier momento podrían acceder a ellos porque se guardaban en el disco duro (la cultura de la inmediatez), el cerebro no se molestaba en memorizarlos.
      Y cuando sabían que no iba a ser así, entonces sí se memorizaban.
      (Un ejemplo de nuestra vida real. ¿Cuántos números de teléfono nos sabemos ahora, cuando sabemos que en cualquier momento podemos acceder a ellos en la agenda del móvil?).

      Yo no sé qué cambios va a generar en nuestros hijos la cultura tecnológica de la inmediatez en la que han nacido.
      Pero de lo que no tengo muchas dudas es de que van a ser distintos.

  6. MariaJo López Vilalta en dijo:

    Ay Carro, cuanta razón tienes! Educar a los hijos en la cultura del no-esfuerzo lleva consigo un sobre-esfuerzo brutal por parte de nosotros, los padres. Toda una ironía.
    Porque nosotros no llevábamos mochilas de 10 kgs de carga, ni empezábamos con las extraescolares en 1ero de EGB, pero tampoco nuestros padres tenían la carga moral, social y mediática que a nosotros se nos ha venido encima (o hemos dejado que así sea).
    Si éramos unos “terremotos” (y no hay connotaciones autobiográficas), nuestros padres se limitaban a decir eso de “Es que no para quieta…”, pero no corrían al Fnac a comprarse un libro de autoayuda del estilo “Terapias para un hijo HIPERACTIVO”; si estaba inapetente, se le recalentaba la misma verdura las veces y los días que hiciera falta, sin que se les pasara ni por asomo por la cabeza la idea de que su hija podría estar entrando en un estado ANORÉXICO (de hecho creo que ni el término estaba inventado); cuando la adolescencia se presentaba con su correspondiente regla, había una cierta emoción en la familia (sólo en el bando femenino, por supuesto, el otro no se enteraba de nada), pero nadie pensaba que había llegado el momento de llevarle a un CENTRO DE PLANIFICACIÓN FAMILIAR PREVENTIVA… Y así, un largo ETC.
    Por si no fuera suficientemente complicado educar a un hijo en la era de la inmediatez, nos hemos metido en un lío importante… Y mientras acudimos a unas jornadas didácticas sobre la drogadicción juvenil o leemos en diagonal algún ensayo incomestible sobre la adolescencia, nuestros hijos, a toda máquina, convierten en obsoleto cualquiera de nuestros esfuerzos, por muy bien intencionados que sean.

    Dichosos nuestros padres que no se enteraban ni la mitad de la película!
    Un besazo papi-crack!

    • Hola, Terremoto, encantado de verte por aquí.
      Lo que apuntas de sobreinformación y sobrepreocupación y, sobre todo, sobrecreación de problemas infantiles es totalmente cierto.
      Y además lo tengo en cartera como un futuro tema para un post del blog.
      En general creo que lo más normal sería procurar manejar a los hijos con un poco de sensatez, cordura y sentido común.
      Y esperar que la cosa salga bien.
      La verdad es que creo que poco más se puede hacer.
      Besosssssssssssssss.

  7. Por cierto, os recomiendo a todos esta charla de Sir Ken Robinson sobre el paradigma de la educación

  8. Alfonsi en dijo:

    Educar nunca fue facil. La sociedad cambia tan rapido que cada generacion se enfrenta a un problema diferente. Me imagino a mis pobres abuelos asustados al ver que sus hijos se iban a la ciudad porque no querian “esforzarse”por trabajar en el campo. Seguro que no daban “ni una perrilla” por su futuro. Y no comparemos nuestra generacion con la de nuestros padres! El paso de la libertad al libertinaje era una sombra estremecedora. La de noches en vela que paso mi madre esperando que volviese a casa sana y salva! (imagino que las mismas que mi padre temiendo por mi virginidad).
    Y ahora nos toca a nosotros educar a unos niños en la sociedad del “YA”, con muchos estimulos a corto plazo. Pero creo que saben lo que es esforzarse (ej.:ir al colegio) para conseguir metas a largo plazo (ej.: tener una formacion que les permita trabajar antes de llegar a los 40, con suerte). Saben lo que es constancia, perseverancia y paciencia cuando quieren conseguir el ultimo juego de la PS3. O sea, la base la tienen! Los padres exigimos que apliquen esas bases para formarse. Lo que si temo es que seran “impacientes cronicos”… a saber como se cura eso! Un abrazo

    • Sí, cada época tiene sus propios cambios y trae sus propias novedades.
      Lo malo es que por un lado los padres no tenemos más formación para ejercer como tales que nuestro propio sentido común.
      Y por otro que como todo son cosas nuevas, tampoco hay nada establecido ni claro sobre cómo manejarlas (lo cual nos remite de nuevo al sentido común).
      Y lo peor es que tampoco podremos transmitirles a nuestros hijos el aprendizaje que hagamos ahora, porque ellos tendrán que enfrentarse a problemas nuevos con sus hijos y lo que descubramos ahora no les servirá para lo que tengan que afrontar ellos.

      Al final, uno intenta hacerlo lo mejor que puede.
      Y a cruzar los dedos.

      Besos.

  9. Hola Javi, hoy me he esforzado y he leído “de cabo a rabo” tu post. Estoy de acuerdo con casi todo lo que dices, como siempre. Vivir digna y honradamente es hoy en día un esfuerzo, y muchos no están dispuestos a tan ardua tarea.

    Pero te contradigo en una cosa: por suerte, no son todos. YO NO. Me gusta que las cosas estén bien hechas, me gusta ver la nevera llena, me gusta la ropa ordenada en el cajón, me gusta ir bien depilada… Y también me gusta la gente educada y agradable, me gusta ir al médico y que parezca que se preocupa por mi, me gustan los camareros atentos, me gusta leer sin ver faltas de ortografía, me gusta volar en British Airways, y me gusta que los niños se porten bien. Me gusta ser madre, lo confieso. Y me gusta que mis hijos sean buenas personas. Perdón, buenos niños.

    Pero por todas esas cosas, que creo un psicoanalista debería analizar (debo arrastrar alguna carestía grave desde la infancia), a veces he tenido problemas. “Portarse bien” ya no se lleva. Es una cosa muy “carca”. Bueno, un poquito como yo, no? Qué te voy a explicar que no sepas… jeje…

    Hace unos días vi una peli que me ha causado gran impresión. Uno de los mejores fragmentos es cuando la protagonista se queja de que hoy en día la gente ya no está preocupada por los que PIENSA, sólo se preocupa por lo que SIENTE. Y dice que a ella le gustan las ideas, no los sentimientos. Dice:

    “Vigila tus pensamientos, porque se convierten en palabras. Vigila tus palabras, porque se convierten en actos. Vigila tus actos, porque se convierten en hábitos. Vigila tus hábitos, porque se convierten en carácter. Vigila tu carácter, porque se convierte en tu destino… Lo que pensamos nos da forma”.

    La que lo dice es Margaret Thatcher (o mejor dicho, una genial Meryl Streep que se ha esforzado en hacer un super papelón en La Dama de Hierro). Pero esta cita es de Gandhi. ¿Qué contradicción, no? Gandhi-Thatcher. ¿Qué tenían en común? Los dos eran personas que se esforzaron. Pena que ya no quede gente así, o que quede tan poca.

    Pero estamos ahí, infiltrados entre la multitud, y si nos buscas… nos encontrarás.

    Así que si un día necesitas que te eche una mano, cuenta conmigo. Sabes que estaré ahí para ayudar a un amigo. Aunque sea haciendo un esfuerzo.

    Los niños solo son personas, y se comportan como tales. Estamos rodeados de personas egoístas, impacientes, caprichosas y vagas. Y de muchos niños que también son así, pq así son sus padres, sus maestros y sus ídolos televisivos.

    Un beso a tus niños, que son un solete. Será por algo…

    Chuna

    • Bueno, Chuna, asidua de este blog, has tardado tiempo en decidirte a realizar un comentario.
      Pero cuando te has puesto, te has puesto.
      Como diría Jack el Destripador, vamos por partes.

      A mí también me gustan todas las cosas que dices.
      (Bueno, lo de ir bien depilada no).
      Pero eso creo que tiene que ver con un concepto mental y perfeccionista que viene de serie con el kit de cada uno.
      Y que también ayuda si lo ha respirado desde pequeño en su entorno.
      Somos lo que somos y lo que nos han hecho.

      Interesante el link de la peli de Margaret Thatcher.
      Aunque para mí ahí hay dos partes.
      Una es la disquisición entre pensar y sentir.
      Mal que nos pese, somos una mezcla de ambas cosas.
      Aunque en general tengo la sensación que que tendemos a hacer las cosas siguiendo impulsos digamos que irracionales (es decir, lo que sentimos).
      Y luego intentamos explicarlos a los demás y a nosotros mismos procurando racionalizarlos, envolvernos en una pátina de lógica (es decir, como si lo hubiéramos hecho en función de lo que pensamos).
      Thatcher era una mujer de posicionamiento ideológico.
      E inglesa.
      Digamos que la mezcla de ambas cosas no deja mucho lugar para la expresión de sentimientos.

      La otra parte del link es la de la frase de Gandhi.
      Con ella estoy más de acuerdo.
      Aunque tanta insistencia en el “Vigila” me resulta un poco curiosa.
      Porque por mucho que uno quiera, uno no puede evitar ser lo que es.

      Como bien dices, hay muchas personas egoístas, impacientes, perezosas y vagas.
      Y también hay padres que son así.
      Y que por eso dimiten de su tarea de padres.
      Lo que suele generar hijos exactamente igual que ellos.

      Esforzarse por algo cansa.
      Pero sigue siendo la mejor manera de poder asegurarse algún resultado.
      Y a los que nos preocupa el resultado nos sigue pareciendo importante el esfuerzo.
      Eso que cuesta tanto ver hoy por algún sitio en esta cultura de la inmediatez.

      (Ah, los tuyos tampoco están saliendo mal. Lo cual no me parece sorprendente).
      Besos.

  10. Euric en dijo:

    Javi, con cariño, debo anunciarte algo: te estás haciendo no mayor sino viejo. Y no es por la edad física, sino por la de tu perspectiva.

    Según mi bisabuelo, mi abuelo siempre tuvo prisa, desde pequeño lo quería todo para ya. Luego lo mismo pensó mi abuelo de mi padre. Lo cree firmemente mi padre de mi. ¿Sigo…?

    Lo que generacionalmente cambia no es la prisa, es el medio. Y los nuevos medios, obvios para tu hijo, te estresan a ti, apenas las entiendes, no las aceptas y lo atribuyes (como siempre han hecho los padres versus los hijos) a no seguir “la cultura del esfuerzo” (como los de tu generación) y el quererlo “todo y para ya” (a diferencia de los de tu generación… respecto de los más jóvenes, no respecto de los que eran mayores que tu entonces).

    Un par de anécdotas:

    Parece que H.Ford nunca preguntó a sus potenciales clientes si querían un coche. Simplemente lo hizo. ¿Pq? Pq hubieran respondido que no querían un coche, simplemente un caballo más rápido. Cuando hubo un coche, muchos se preguntaban quien querría ir tan rápido. Incluso querían prohibir ponerle un parabrisas para que con la velocidad, el conductor no perdiera el conocimiento (el viento lo mantendría despierto).

    En 1907 el Director de la Oficina de Patentes y Marcas de los EUA dijo en una conferencia que después que él se jubilara un par de años más tarde, nadie le reemplazaría en el cargo: ya estaba todo inventado.

    Cuando se inventó el teléfono, nadie imaginó que en el futuro habría uno en cada casa. Como el TV o la lavadora. Ni Bill Gates creyó que habría un PC en cada casa (después se desdijo y creyó que si). ¿Y que tiene que ver con el esfuerzo?

    Todos esos inventos y avances se lograron por gente que se formó y creyó en la cultura del esfuerzo. Y que tenía prisa, mucha prisa. El número de patentes registradas en los últimos 10 años supera a la de toda la historia. Y sigue creciendo exponencialmente.

    Resumiendo, no estoy de acuerdo contigo. Los chavales se esfuerzan mucho más que nosotros. Los mínimos exigibles son mucho más elevados. Hace 50 años con tener el graduado escolar era suficiente. Hoy dos doctorados y hablar tres idiomas no te garantiza un trabajo.

    Pero compararse con el esfuerzo de “antes” y el de “ahora” era y sigue siendo, como siempre, un delator de la vejez. Lo siento.

    La parte buena es que puedes replanteártelo y cambiar. Rejuvenecerás.

    • Euric, con cariño y desde la senectud, estoy de acuerdo y en desacuerdo.
      Estoy de acuerdo en lo que dices de la perspectiva. Porque es verdad que todo lo comparamos con el prisma de lo que hicimos/vivimos nosotros y el cambio nos parece a peor. (Esto no es nuevo. No sé qué pensador romano escribió acerca de la juventud de su tiempo diciendo que no respetaban a los mayores como los respetaba él en su adolescencia…).
      Pero estoy en desacuerdo con la esencia del resto.
      La impaciencia y deseo de tener las cosas ya, como apunto en el post y en alguna otra respuesta, es común a todos los niños/jóvenes desde que el mundo es mundo.
      La diferencia fundamental es que esa inmediatez es hoy más posible que nunca en muchísimas cosas, y eso creo (pero puedo estar equivocado) que produce un efecto en la forma de pensar y en la actitud y en la costumbre de esfuerzo/sacrificio.
      Y los ejemplos que pones de los doctorados y los tres idiomas son ciertos, pero eso son ya referencias de edades mucho mayores que a las que me refería yo.
      Hablaba de niños pequeños y preadolescentes.
      Justo los más difíciles de educar.
      Justo los más expuestos a la cultura de la inmediatez.
      Los otros, los de 18 ya han visto la realidad del mundo y no han tenido más remedio que espabilar.
      En cualquier caso, veremos la solución a estas dudas en 10 años.
      Si es que podemos ver algo, claro, estando como estaremos al borde ya de la más absoluta decrepitud.

  11. Daily en dijo:

    ¡Ahhhh! ¡Qué tema más interesante!
    Encontré tu blog a través de la noticia de Paul Weller en El País y espero poder aportar algo desde mi humilde (y corta) experiencia con el tema.

    Vayamos por partes, tengo 26 años y he trabajado de Au Pair en distintos países, como Irlanda , RU, etc…
    Yo misma he sido más o menos criada en ese ambiente de inmediatez que estamos debatiendo aquí. Mi trabajo de Au Pair consistía en hacerme cargo de cuidar, dar de comer,leerles cuentos por la noche antes de irse a dormir cuando tocaba, bañar, jugar con niños…todo esto desde la hora del desayuno hasta la hora de la cena, vamos, que pasaba más tiempo con los niños que sus propios padres, les curaba cuando se caían, he estado con ellos cuando se les ha caído un diente,etc.
    No puedo hablar como madre, pero he vivido una situación muy parecida a cómo sería si fuese así.

    Allí conocí a gente en mi misma situación (chicas/os au pairs que estaban allí para aprender inglés, beber pintas, alejarse del pesimismo reinante en temas económicos de España, o lo que sea que fuesen a hacer) todos entre 20-27 años, y casi todos igual de impacientes para cuidar niños como yo (aunque muchos de ellos antes de ejercer dicha tarea, creían que iba a ser súper fácil, y que los niños les harían caso sin rechistar a todo! 😀 )

    Así pues esta experiencia me ha hecho llegar a la conclusión de que YO misma quería las cosas pronto, rápido y cuanto antes ,para poder así desconectar del ESFUERZO que supone tener que estar pendiente de esos pequeños seres humanos y a la vez procurando hacerlo lo mejor posible por mi propio interés y el de sus padres.

    Antes habéis comentado el tema de las tareas diarias que tienen en el colegio, y también fuera de él. En mi opinión son demasiadas actividades extraescolares, que puede que mantengan a los chicos activos, pero a la vez no desarrollan profundamente ninguna de ellas. En una de las familias para las que trabajé la madre no hacía otra cosa que apuntar a los niños a todo tipo de deportes, clases de baile, y cualquier cosa que se os ocurra. Los niños acababan el dia medio zombies y con mal humor.

    En relación al mensaje de Euric: tú mismo te estás contradiciendo. Dices al principio que las personas siempre han querido todo con prisas, pero resulta que en 10 años ha sido cuando más patentes de han registrado.
    Yo creo que ha sido desde finales del siglo XX hasta ahora cuando ha ido todo a una velocidad de vértigo, y todo este progreso va a afectar tanto a la forma de ser de los humanos, como a la forma de actuar.

    Hace un tiempo salió un artículo en El País sobre este mismo tema y hablaba sobre cómo ese sentimiento del YA se ha extrapolado también a las relaciones de unos con otros. Parejas que no duran ni un asalto, matrimonios que no saben lidiar con sus hijos por falta de paciencia, niños y adolescentes que exigen las cosas aquí y ahora y si no ya se pueden preparar los padres (y a veces los au pairs también, jejeje)

    Aquí os dejo el enlace :
    http://elpais.com/diario/2010/05/23/eps/1274596013_850215.html

    Un saludo! Y espero que el debate siga despierto, ya que me encanta leer los diferentes puntos de vista.

    • Hola, Dally, gracias por tu comentario y por el link.

      Es cierto lo que dices de que demasiadas actividades impiden profundizar en ellas.
      Y eso tiene mucho que ver con la cultura de la inmediatez.
      Porque como todo es para ya y rápido, no puede profundizarse, solo rascar la superficie.
      Y en la superficie nos quedamos.

      Y en cuanto al link…
      Bueno, pues viene a decir lo mismo que digo yo, más o menos.
      Eso sí, con algunas voces autorizadas (en el post solo hablo yo, que no soy precisamente ninguna autoridad en esta materia).
      Y dos años antes.
      ¡A Dios pongo por testigo de que jamás lo había visto!

      Gracias de nuevo y pásate cuando quieras por aquí.

¿Quieres decir algo?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s