NI UN TÍTERE CON CABEZA.

(Una mirada escéptica de un publicitario a todo lo que intentan vendernos).

El día en que millones de personas se despertaron teniendo alto el colesterol.

La realidad es más o menos así. La industria farmacéutica desarrolla productos con el fin de mejorar la vida de las personas. Hay fundaciones y asociaciones que periódica y desinteresadamente sensibilizan o conciencian de riesgos para nuestra salud. El médico realiza un diagnóstico y prescribe el producto más adecuado para el paciente. Y los regalos que aparecen el 6 de Enero junto a los zapatos los ponen los Reyes Magos y el que aparece bajo la almohada cuando se pierde un diente lo coloca ahí un ratón pequeñito cuyo apellido es Pérez.

Las cosas no son tan nítidas como parecen.

A la industria farmacéutica se la llama así porque es precisamente eso, una industria. Un grupo de empresas que invierte miles de millones en investigar y desarrollar productos capaces de mejorar la vida humana. Y lo consiguen de manera eficaz. Solo hay que ver que la esperanza media de vida hace dos siglos era de 35 años y hoy se encuentra en Europa en 78,4. (Como efecto colateral inesperado, eso ha hecho también que tengan carreras más largas los dictadores y alguna que otra folclórica).

Ahora bien, como cualquier otra empresa, las farmacéuticas se rigen por el principio de los beneficios económicos. Por eso invierten solo en el desarrollo de productos que tienen un número alto de potenciales pacientes (es decir, compradores) y descartan investigar y desarrollar productos para curar y/o paliar enfermedades raras y minoritarias (es decir, con pocos potenciales compradores).

Y en esa búsqueda de encontrar beneficio mediante el mayor número potencial de pacientes, el caso del colesterol es especialmente curioso.

¿Cuáles son los niveles recomendables de colesterol? Y sobre todo, ¿a partir de qué nivel hay que tomar medicación? Es una pregunta de respuesta cambiante.

Hace un tiempo, los niveles de colesterol por decilitro de sangre que recomendaba la Asociación Española de Arteriosclerosis eran los siguientes:

Por debajo de 200 miligramos: lo deseable.

Entre 200 y 300 miligramos: riesgo medio (implicaba cambiar estilo de vida, esencialmente alimentación y ejercicio).

Más de 300 miligramos: riesgo alto (además de cambiar estilo de vida, suponía tomar medicación si no se veía mejora).

Pues bien, hace unos años, tanto en Estados Unidos por recomendación de la Sociedad Norteamericana de Cardiología como también en la OMS se establecieron unos niveles de colesterol recomendables más estrictos. Y ahora los niveles están así:

Por debajo de 200 miligramos: deseable (este nivel es el mismo).

Entre 200 y 239 miligramos: riesgo medio (61 miligramos menos que los 300).

Más de 240: riesgo alto (aquí está lo esencial: 60 miligramos menos en el umbral a partir del cual es conveniente medicarse).

Es decir, que de la noche a la mañana millones de personas que se consideraba que estaban perfectamente sanas pasaron a ser grupo de riesgo con colesterol alto. De golpe, la industria médica pasó a tener millones de nuevos clientes.

Vamos, que te pones morado cenando una mariscada con vino a raudales y gintonics a continuación y te acuestas con el colesterol a 241 y estás sano. Y te levantas por la mañana y han cambiado los niveles y resulta que has pasado a ser un enfermo. Y lo más importante, que necesitas tomar (y pagar) medicación.

El cambio en los niveles resultó enormemente beneficioso para las empresas farmacéuticas. De repente, pasaron a tener millones y millones de clientes nuevos. Y millones y millones más de beneficios.

Pero claro, ese rigor de la OMS, ese rigor de la Sociedad Norteamericana de Cardiología indicando el nivel a partir del cual hace falta medicación, ¿quién se va a poner a discutirlo? ¿Quién va a dudar de que lo que dicen es lo correcto?

Y eso nos lleva a la cuestión fundamental: la credibilidad de la fuente.

En síntesis, nuestra credibilidad hacia un mensaje es mayor cuanto más desinteresado parezca el emisor de ese mensaje. Es decir, cuanto menos parezca que obtiene él algún beneficio de lo que nos está diciendo. Eso no quiere decir necesariamente que lo que nos esté diciendo sea falso, solo que saber que él puede conseguir algo de lo que nos está diciendo hace que nos surjan dudas acerca de la veracidad de lo que nos dice (y de lo que realmente busca conseguir diciéndonoslo).

Veamos algunos ejemplos.

1) Estás en tu banco y te dice el director: “Veo que no tiene seguro de vida”. (Si te lo dijera tu mujer pensarías que lo dice pensando en la familia, pero es un empleado de banco. Así que tú traduces: “Me quiere colocar un seguro”).

2) Paseas por el mercado y te dice la pescatera: “¿Ha visto qué pescado más fresco?”. (Tú traduces: “Quiere que le compre pescado. Pues hoy me apetece más entrecot”).

3) Aparece David Hasselhoff en la tele hablando de su nueva película. Dice “Es un papel rico en matices, la cumbre de mi carrera”. (Tú traduces: “Lo dice para que vaya a ver la película. Será una castaña como las que se pilla él con el whisky”).

4) Vas al médico y te dice: “Tiene usted una rinorrea. Tómese estas gotas”. (Tú traduces: “Tengo una rinorrea. Tengo que tomarme estas gotas”).

La credibilidad de los médicos es absoluta. En general nunca nos planteamos que pueda haber ningún interés de ningún tipo en lo que nos dicen y, sobre todo, nos prescriben.

Pero la realidad es que tras ellos hay empresas farmacéuticas que les hablan de las bondades de sus productos. Y especialmente que existen relaciones de los médicos con la industria que los pacientes desconocemos. (En Estados Unidos se está implantando desde el año pasado la Sunshine Act, que obliga a que sea pública la relación económica entre cada médico y la industria. Es decir, que se sepa de cada doctor cuánto ha cobrado de cada empresa farmacéutica y en concepto de qué: consultoría, viajes, comidas, discursos… Las cifras, en algunos casos, son asombrosas).

Pero como esas relaciones las desconocemos, no dudamos de lo que nos prescriben. La fuente, a nuestros ojos, mantiene su credibilidad. (Además, como no tenemos ni idea de medicina y el médico sigue siendo una figura próxima al chamán, pues a ver quién se pone a discutir).

Como tampoco dudamos de esas campañas que periódicamente surgen en televisión o en medios impresos sensibilizando sobre una dolencia o concienciando de una patología o buscando la prevención acerca de algo. Campañas firmadas por diversas Asociaciones, Fundaciones o Sociedades que en buena parte son financiadas por las empresas farmacéuticas.

Como si las hicieran directamente ellas sería demasiado evidente que lo hacen para promover la venta de sus productos, el uso de esas asociaciones pantalla hace que el mensaje parezca desinteresado. Y la fuente, a nuestros ojos, mantiene su credibilidad.

Y así el mensaje llega con más persuasión.

Escribió una vez Aldous Huxley: “La medicina ha avanzado tanto que ya nadie está sano”.  Ese avance se produce, igualmente, sobre la base de nuestro desconocimiento como pacientes/clientes/consumidores. Vendiéndonos un principio de neutralidad que no es del todo tal.

Por ejemplo, la Sociedad Norteamericana de Cardiología, la que recomienda los 240 miligramos como el límite a partir del cual tomar medicación. Poca gente debe de saber que en 2010 recibió donaciones de empresas por valor de 104 millones de euros. Y que buena parte de esos 104 millones provenía de empresas farmacéuticas.

La verdad es que se trata de una cifra que da para unas buenas mariscadas, ¿verdad? De esas que suben el colesterol por encima de 240.

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Navegación en la entrada única

14 pensamientos en “El día en que millones de personas se despertaron teniendo alto el colesterol.

  1. Rafael Rubio en dijo:

    Javier, me estas creando el habito de esperar tu blog de los lunes con una mezcla sorprendente de curiosidad e impaciencia. Ya no solamente “recibo cada lunes la sorpresa agradable” de recibir el email que me avisa la nueva publicación. Ahora ya me lanzo sobre el iPad cada lunes, buscando dicho email con fruición, cual apasionado fan y cuasi adicto. Muchas gracias y enhorabuena.

    Tu entrada de hoy ha sorprendido un tanto, porque destila una cierta ingenuidad. Por supuesto que TODO es un negocio, o como mínimo, TODO tiene un potencial negocio asociado o colateral ente cercano. Sí, incluso la Salud (por no hablar de ONG’s, supuestas non-profit org’s, y otros especímenes).

    Yo os propondría abrir otro debate, muy relacionado con el original. ¿ Es legitimo y moralmente aceptable el animo de lucro ? Mas aun, ¿ No es un valor que deberían promover y apoyar Poderes Públicos, por considerarlo un elemento dinamizador y transformador vital para el progreso de la sociedad ? He visto durante la pasada Campaña electoral carteles que “ponían en la diana a insignes capitalistas/banqueros”… ¿ No os parece peligrosamente antidiluviano y regresivo que calen planteamientos de este tipo ?

    Muchas gracias por impulsarnos a pensar y motivarnos para explícitar públicamente nuestras reflexiones.

    • Hola, Rafael, muchas gracias por el comentario, por el entusiasmo y por los ánimos.

      Sí, sí, es obvio que todo es un negocio (como bien dices, también las ONG’s, que pese a su nombre en muchos casos reciben financiación directa de los estados, con lo cual eso de No Gubernamentales…).
      Pero lo que intentaba explicar en el post es algo de lo que en general no somos muy conscientes.
      De que detrás de cada médico hay un montón de presiones e intereses que pueden influir en sus prescripciones y que ni siquiera nos planteamos porque desconocemos que sea así. Sino que nos parece que la fuente, el médico, tiene absoluta credibilidad.
      Que la industria farmacéutica intenta influir en los legisladores es algo sabido y público (no en vano el gasto del lobby farmacéutico en el Congreso de Estados Unidos fue de 155 millones de dólares en 2010, lo cual da 215.000 euros gastados en influir a cada representante o senador).
      Lo que no se sabe tanto es la influencia en forma de intereses que existe con el último eslabón de la cadena: el médico.
      Mientras acaba de implementarse la Sunshine Act, en Estados Unidos lo más parecido y revelador es la página http://www.propublica.org/
      Ahí pones el nombre de tu médico de cabecera y te dice cuánto dinero ha recibido de cada empresa farmacéutica y en concepto de qué.
      Porque, ¿qué pensaríamos si nuestro médico nos prescribe un analgésico de la empresa Lilly y supiéramos esa empresa le ha pagado comidas, viajes o 12.000 dólares por dar una conferencia?
      Ése es un mundo semiopaco y gris (ni blanco ni negro) que, a diferencia del de los lobbies, nadie conoce exactamente.
      Y por eso nuestro umbral de credibilidad es tan alto.

      Y en cuanto a lo del ánimo de lucro, mi sensación es que realmente no está en discusión como valor.
      Más bien creo que se está imponiendo lentamente como valor general, especialmente entre los jóvenes, si es que sirve de referencia fiable algunos a los que oigo con frecuencia.
      Entiendo que los capitalistas/banqueros en la diana es una forma burda que tiene la gente de tangibilizar en alguien su malestar por la situación actual.
      Los mercados financieros son entes abstractos. La prima de riesgo, también.
      Cuando has perdido tu trabajo, tienes deudas y/o ves que el futuro de los próximos años es absolutamente oscuro, la rabia has de sacarla hacia algún lado.
      Y es más fácil personalizar en banqueros concretos o dirigentes políticos concretos la razón de esta crisis informe y cambiante.
      Creo que los banqueros en la diana es más porque se les adjudica (en abstracto) el origen inicial de la crisis que comenzó con la caída de Lehman Brothers y todo lo que se supo que había detrás, que no porque sean gente que se maneje movida por el ánimo de lucro.
      Que, como bien indicas, es el ánimo que mueve casi a todo.
      Desde el presidente de Coca Cola hasta el tendero del puesto de frutas de la esquina.
      Porque en todo hay un negocio.

    • fernando gomis en dijo:

      es cierto todo es un potencial negocio o un negocio real… pero , ¿ de verdad creemos que poner nuestra salud en manos de aquellos que ganan más si no estamos sanos, no es un riesgo para nuestra propia salud?
      el ánimo de lucro en sí mismo para mí no es una valor… hacer las cosas porque nacen desde nuestro propio interior y que el valor que tienen para el resto de gente se traduzca en una remuneración justa, para mí eso es VALOR… los poderes públicos son la única barrera, cada vez más fina y delgada, que nos protegen de aquellos que tienen como bandera su propio ánimo de lucro, por encima de la vida del resto de seres del planeta… creo que si los banqueros y capitalistas están en la diana se lo han ganado con creces con sus actuaciones toleradas desde los poderes públicos… si en la sociedad primara la comprensión de que el bien de los demás es el mío propio en vez de que el mal del otro es mi bien propio ( reflejo claro de los valores que fomenta la industria farmacéutica) otro gallo nos cantaría
      perplejo me quedo del profundo desconocimiento del alma humana que destilan ciertos comentarios

      • Hola, Fernando, gracias por tu aportación.
        Yo la verdad es que cada vez tengo menos confianza en la barrera de los poderes públicos como protectores.
        Cada vez más creo que se está imponiendo la visión anglosajona del espacio público como un lugar de negocios y los ciudadanos como clientes, en vez de ciudadanos.
        La visión social de los poderes públicos es más europea que americana, pero la visión americana está empezando a llegar aquí.
        Llegó mucho con Berlusconi (para quien el Estado era una forma de proteger sus negocios).
        Llegó un poco con Sarkozy (quien en sus inicios estaba fascinado con el dinero e hizo cosas impensables en la tradición de un Presidente de la República).
        Y solo hay que oír de vez en cuando al Conseller de Sanitat de la Generalitat en sus declaraciones que propina de vez en cuando…
        Y parece que ve al Estado como un derivador/suministrador de clientes para las clínicas privadas.

  2. Javi, acabo de descubrir el Blog. Vaya gustazo.

  3. Hola Javier:

    En los últimos años me he especializado en publicidad farmacéutica (sí, trabajo para el maligno) y te puedo decir que tienes más razón que un santo respecto a la industria farmacéutica y su relación con el colectivo médico. Se gastan más en marketing que en investigación (y de eso vivimos muchas agencias). Pero también es cierto que sin los laboratorios no habría investigación y, por tanto, alivio para la mayoría de enfermedades, ni los médicos tendrían tratamientos que recetar. ¿Dónde poner la línea? Esa línea es muy delgada y, definitivamente, es roja.

    Además, como dice el refrán, los errores del médico se los traga la tierra.

    • Sí, sí, es evidente lo de que las empresas farmacéuticas han ayudado a la mayoría de las enfermedades.
      Como decía en el post, con sus avances han alargado la vida humana (junto con la alimentación y la higiene) mucho más allá de lo que ha sido siempre habitual.
      Por ejemplo, la esperanza de vida en la Grecia clásica y en la antigua Roma era de 28 años.
      (No me extraña que se pasaran el día de bacanal en bacanal…).
      Es indudable que vivimos mucho mejor gracias a la industria médica.
      Y que siga siendo así.

      El post trataba más de esos mundos opacos de relaciones de la industria con los prescriptores finales.
      O con esas asociaciones que lanzan campañas de sensibilización/concienciación que en realidad están financiadas por alguna empresa farmacéutica.
      Esos mundos semiopacos, grises, que no conocemos como pacientes.

      Yo creo que al final todo es cuestión de transparencia.
      Con una ley como la nueva americana o con un sitio como el de http://www.propublica.org/ todo el mundo sabría un poco mejor cuál es la realidad.
      En cualquier caso, las relaciones de la industria farmacéutica con los médicos son normales que existan.
      (Es como las relaciones de las productoras de publicidad con los creativos).
      La cuestión es dónde establecer claramente la línea divisoria.
      En el propio colectivo médico está surgiendo un movimiento que aboga por una mayor transparencia.
      Se llama No, Gracias.
      Solo el nombre ya resulta indicador, ¿verdad?

  4. Josep en dijo:

    Buen tema, Javi, aunque estás entrando en territorio peligroso. Por si acaso, no te veas El Jardinero Fiel durante una temporada.
    Precisamente el Viernes fui a recoger unos análisis a mi nuevo médico de cabecera, un crack donde los haya, que me aseguró que estaba muy bien, que los niveles de glucosa eran aceptables, y que con un poco de ejercicio, perder algo de peso y menos chuches, en un mes me pondré a niveles correctos.
    Los mismos valores que hace un par de meses, y por los que, por cierto, otro médico me obligo a comprar y tomar unas pastillas que, entre otros efectos secundarios, me hacían comportarme como la versión cuarentona y masculina de la niña del exorcista…
    Algo extraño tiene que pasar cuando los comerciales de medicamentos (eufemisticamente denominados visitadores médicos) tienen unos ingresos tan altos.
    Felicidades y ánimos.

    • Hola, Josep.
      Te escribo desde la UCI.
      Iba caminando tranquilamente por la calle cuando tres hombres me han asaltado, me han arrastrado hasta un callejón oscuro y me han aporreado con un vademécum farmacéutico.
      Entre golpe y golpe exclamaban con acento alemán: “¡Larga vida a la industria! ¡Vivan los visitadores médicos!”.
      Por suerte, ya estoy mejor.
      En la UCI me estoy entreteniendo en pensar en mi próximo post y ya lo tengo claro.
      Se titulará “La industria farmacéutica. Un bien de Dios sobre la Tierra”.

  5. Xavi en dijo:

    Amigo Javi, tocando el tema de la industria farmaceutica, no podía dejar de darte algún apunte al respecto, aunque ya hemos intercambiado alguna opinión de vez en cuando.
    Reconoce que hay un punto de demagogia en las críticas a la industria farmaceutica, (y de hecho hay quien vive de ello!), aunque algunas acusaciones son, o han sido, ciertas. Y realmente lo deben haber hecho bien para que incluso hayan seducido a mentes preclaras como la tuya.
    El caso del colesterol, o el de la diabetes, amplio para tu información, son casos en los cuales ha ocurrido este fantástico incremento de un mercado, evidentemente inducido por la industria (muchas empresas se plantean en sus planes de marketing como pueden lograr ampliar su mercado, y la industria farmaceutica no es una excepción). La medicina preventiva en general supone un ahorro para el sistema sanitario, y por eso creo que lo deben haber aprobado, no solamente porque 4 médicos corruptos hayan aceptado dar veredictos favorables a cambio de ir a algún congreso.
    Pero mejor seguimos la discusión en directo y con un gin-tonic por en medio.

    • ¡Dios mío, llegan al blog los paracomandos farmacéuticos!
      No serías tú uno de los tres enmascarados que me apalizaron el otro día con un vademécum farmacéutico, ¿no?
      Y en cuanto a lo de los niveles del colesterol…
      Lo de los niveles me parece más bien arbitrario y yo, sinceramente, no me creo que la Sociedad Norteamericana de Cardiología sea una entidad desinteresada y benefactora (con los millones que recibe de la industria farmacéutica y que permiten que su CEO gane 596.000 dólares al año más 1 millón en aportaciones a su plan de jubilación).
      Te pongo dos ejemplos de la arbitrariedad de los 200 miligramos como máximo sano y los 240 como la cifra a partir de la cual medicarse.
      1) El Ministerio de Sanidad español en un informe de 2007 disponible en la red dice: “a los 40 el índice de colesterol suele estar entre 210 y 220 miligramos”. Es decir, que según el criterio de los 200, todos los españoles de 40 años son grupo de riesgo, no hay nadie sano.
      2) El valor límite de 200 se impuso en Alemania en 1990 tras la “Iniciativa Nacional Contra el Colesterol”, una unión privada formada por 13 catedráticos en medicina que representaban asociaciones tipo lobby. Pues bien, se realizó en Baviera un amplio estudio con 100.000 personas (eso en Estadística equivale a una muestra sin prácticamente margen de error acerca del conjunto de la población de Alemania). Y dio como resultado un valor medio de 260. Como 240 es el nuevo valor a partir de cual hay que medicarse, eso supone que hablando en términos medios en Alemania todo el mundo tendría que medicarse contra el colesterol.
      Ya lo seguiremos comentando, como propones, tomando gintonics.
      Bueno, no, tomando gintonics mejor hablemos de cosas más divertidas, ¿no?

  6. martini? en dijo:

    En los últimos análisis que me hicieron el médico me dijo que tenía el colesterol un poquito alto, me aconsejó que dejase de comer carne, doctor-le dije, no como carne, bien- respondió ,pues no coma embutidos, no como embutidos doctor, pues no coma pates, doctor soy vegetariana! espeté, ay querida entonces es su cuerpo el que genera colesterol……

    • Conclusión del médico: “Seńora, cambie de cuerpo”, ¿no?
      Debió de quedarse descolocado…

      Lo único seguro sobre el colesterol es que el cuerpo humano lo genera de manera natural.
      Dónde empieza el nivel peligroso es lo arbitrario.
      Incluso hay corrientes de médicos que dicen que lo del colesterol peligroso es un mito.

      Todo esto sería más asumible si no me acordara del tema del tabaco.
      Con médicos diciendo públicamente en los años 50 y los 60 que fumar no era perjudicial.
      Luego se descubrió que estaban pagados por las tabaqueras, claro.
      Pero para muchos ya fue tarde.

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